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domingo, 6 de noviembre de 2011

LA FAMOSA VOLUNTAD "PERFECTA" DE DIOS PARTE 2


MAS DEBILIDADES

EL PROBLEMA DE LAS DECISIONES «COMUNES»

El primer problema práctico que encuentran quienes tratan sistemáticamente de aplicar la postura tradicional en la vida cotidiana puede resumirse en lo siguiente: es imposible. En algún momento, todos abandonan el enfoque de la postura tradicional para tomar decisiones. Esto puede parecer una afirmación atrevida, pero uno mismo puede comprobarla con esta sencilla prueba: Durante la semana que pasó, ¿en qué porcentaje de las decisiones que hiciste tuviste la certeza de conocer la voluntad individual de Dios de antemano? No pases por alto esa clase de decisiones como qué camino tomar para ir al trabajo, qué asiento ocupar en la iglesia, qué zapato colocarte primero a la mañana y qué frutas elegir en la tienda de comestibles.

Tales decisiones y cientos de otras como esas, se toman cada semana. Los oradores o escritores acerca de la voluntad de Dios con frecuencia afirman: «La voluntad de Dios para su vida es tan detallada que usted puede esperar su divina orientación ante cada decisión». Esa frase encaja perfectamente con la postura tradicional.

Sin embargo, en las decisiones pequeñas y al parecer insignificantes, la guía específica no parece materializarse. Aquellos cristianos sinceros que intentan de manera consciente buscar la dirección de Dios para cada decisión o se dan por vencidos a las pocas horas o terminan en un grupo marginal místico. Como resultado de ello, en las pequeñas decisiones donde no hay órdenes al respecto, casi todos los cristianos por lo general toman esas decisiones sobre la base de lo que les parece mejor en el momento. Esto no cuadra con la enseñanza de la postura tradicional, pero es el único enfoque llevadero.

EL PROBLEMA DE LAS OPCIONES IGUALES

El segundo problema práctico que plantea la postura tradicional es el tema de las alternativas iguales. En muchas de las decisiones que enfrentamos, dos o más de las opciones parecen ser de igual valor, lo que hace que la decisión sea más complicada. En pro de la coherencia, la postura tradicional enseña que tales casos de igualdad son solo aparentes. Una opción y solo una es la voluntad de Dios.

Una vez más vemos que las decisiones pequeñas son las que más revelan la fragilidad de la postura tradicional. La razón es sencillamente que en las decisiones pequeñas, las opciones se asemejan más y con mayor frecuencia son iguales. Analice el tema de vestirse por la mañana. «¿Qué par de zapatos debo ponerme?» «¿Cuál de los tres pares de calcetines marrones debo escoger!» «¿Qué zapato debo ponerme primero» y podríamos continuar. ¿Son iguales las opciones? Eso parecen. ¿Tiene importancia la decisión final? Probablemente no. Sin embargo, a los fines de la coherencia, la postura tradicional debe decir que, en principio, tiene importancia.

Mientras la incapacidad de explicar y tratar con alternativas iguales resulta evidente en las decisiones pequeñas, también afecta a las más importantes. Porque hay situaciones, en que las opciones en una elección importante parecen ser iguales. En esos casos, la persona que está convencida de la postura tradicional se siente paralizada y el nivel de frustración aumenta. En vez de gozarse de tener dos alternativas buenas, siente ansiedad porque piensa que perderá la voluntad de Dios. La ansiedad crece porque ambas opciones parecen buenas, pero solo una debería considerarse la correcta.

EL PROBLEMA DE LA INMADUREZ

Una tercera dificultad práctica de la postura tradicional es la incapacidad para enfrentar la inmadurez por parte de quien toma las decisiones. ¿Qué podemos decirles, por ejemplo, a los dos jóvenes que se conocen en un retiro de fin de semana de la universidad y anuncian al final que Dios les ha revelado en su corazón que desea que se casen? ¿Qué consejo podríamos darle al joven que está por abandonar la escuela bíblica a mitad del segundo semestre porque siente que el Señor lo ha llamado a un ministerio de tiempo completo en evangelismo? Ninguna de esas decisiones son antibíblicas, pero los cristianos más maduros podrían tener buenas razones para sentir aprehensión por las consecuencias a largo plazo. Los amigos preocupados podrían sentirse impulsados a acercarse a estos jóvenes y aconsejarlos a que esperen un poco antes de seguir adelante con sus respectivos cursos de acción. Podrían darles buenas razones para que consideraran planes más sabios; pero si el factor final y determinante al tomar la decisión es la convicción de que «Dios me dijo que lo hiciera», poco podemos argumentar.

Con Dios no se discute
El problema se complica cuando los cristianos justifican su conducta necia ante los demás diciendo que fue la decisión de Dios y no la de ellos y así, en forma inadvertida, la postura tradicional tiende a alentar la inmadurez porque brinda un medio para defender la conducta poco sensata que no puede ser verificada ni criticada por los demás.

También existen varias otras formas por las que la postura tradicional promueve la inmadurez. Con frecuencia se enseña que no debemos tomar una decisión hasta que contemos con la certeza de la dirección del Señor. Debemos tener cuidado de no «adelantarnos al Señor» en esos asuntos. Coincido en que no debemos precipitarnos, en especial al tomar decisiones importantes, pero con frecuencia se producen dilaciones porque quien toma la decisión no está ciento por ciento seguro de la voluntad individual de Dios. Mientras la postura tradicional lo llama «esperar en el Señor», pronto comienza a verse como una indecisión común y corriente.

La postergación innecesaria puede tener al menos dos consecuencias indeseables. La primera es la pérdida de un tiempo valioso. En algunos casos, el tiempo es un factor importante en la ejecución de una decisión que debe tomarse. El tiempo perdido para tomar una decisión le resta tiempo a la ejecución.

La segunda consecuencia relacionada es que las circunstancias pasan a dominar la decisión cada vez en mayor grado. Al pasar el tiempo, pueden eliminarse algunas alternativas o las circunstancias que rodean a la decisión pueden alterarse, lo que forzará a quien toma las decisiones a realizar ajustes que no hubieran sido necesarios si hubiera actuado antes. Esperar mucho para comprar un boleto de avión limitará nuestra posibilidad de conseguir un pasaje más económico en el vuelo más conveniente.

 EL PROBLEMA DE LA SUBJETIVIDAD

La subjetividad toca muchos aspectos de la experiencia religiosa. Personas de convicciones ampliamente divergentes e incluso contradictorias dan testimonio de experiencias personales que parecen ser similares. Y, sin embargo, la presunta causa de las experiencias difiere según sea la perspectiva religiosa del informante de turno. Lo que se necesita es un patrón de medida objetivo con el que se puedan evaluar estas aseveraciones. En el área de las decisiones y la voluntad de Dios, la falta de dicha fuente objetiva de conocimiento constituye la mayor debilidad en la aplicación de la postura tradicional.

La palabra subjetivo puede tener varios significados positivos o neutrales.  Puede referirse a la mente y a los sentimientos en contraste con los objetos externos. O puede significar personal en contraste con lo impersonal. Sin embargo, en este capítulo usaré la expresión subjetivo en el sentido técnico de una opinión que no puede sostenerse con una fuente de verdad objetiva. La connotación del uso que le damos es negativa y apunta a un error de la postura tradicional.

A modo de ilustración digamos que dos hombres vieron un accidente en en el juicio del conductor. El punto en cuestión es definir si el auto excedía la velocidad máxima permitida de 40 km/h cuando atropelló a la persona.

El primer hombre que vio el accidente desde la esquina es testigo de cargo. Cuando se le solicita que estime la velocidad del automóvil previa al impacto responde: «Creo que el auto iba por lo menos a 60 km/h».

El abogado de la defensa lo interroga: «Mi cliente insiste en que no iba a más de 40 km/h, ¿por qué está usted tan seguro de que iba a 60 km/h!»  «Yo puedo estimar la velocidad a la que va un vehículo -responde el testigo-, y estoy seguro de que iba a 60 km/h o más.»

El otro hombre que vio el accidente desde su automóvil, da su testimonio para la defensa. «Yo venía detrás del auto en cuestión desde hacía varias cuadras. Justo antes del accidente le comenté a mi acompañante lo difícil que es mantener la velocidad por debajo del límite permitido en las zonas residenciales. Le comenté que si no fuera por el auto que me precedía probablemente estaría excediendo la velocidad permitida. Ambos observamos el velocímetro y notamos que íbamos por debajo de los 40 km/h. En ese momento, ocurrió el accidente».

No hay dudas de que el jurado desestimará de inmediato el testimonio del primer hombre debido a la subjetividad. Por el contrario, el testimonio del segundo hombre tiene crédito porque su juicio estuvo basado en un elemento objetivo (el velocímetro) por el que se pudo determinar la verdad.

Dios nos ha provisto de dos fuentes objetivas para poder conocer de manera cierta su voluntad: su Palabra y la revelación directa por parte de él. Sin embargo, la postura tradicional no alega que la voluntad individual de Dios se pueda conocer por alguna de estas dos fuentes. La Biblia solo revela la voluntad moral de Dios, pero su voluntad individual es mucho más específica. Y la revelación directa (la comunicación verbal de Dios con el individuo) no debe procurarse ni esperarse. De manera que cuando alguien que sostiene la postura tradicional afirma: «He descubierto la voluntad de Dios acerca de la escuela a la que debo asistir», no está diciendo que recibió una revelación sobrenatural ni tampoco que halló esa indicación en una frase de las Escrituras. Lo que veremos es que la postura tradicional descansa prácticamente por completo en elementos subjetivos para determinar la voluntad individual de Dios en cuanto a una decisión específica. Y eso crea un tremendo dilema: ¿Cómo puede la postura tradicional obtener un conocimiento cierto de la voluntad individual de Dios sin una fuente objetiva de conocimiento?

Si la fuente de nuestro conocimiento es subjetiva, el conocimiento también será subjetivo y, por lo tanto, incierto.

Demos una nueva mirada a los medios expuestos por la postura tradicional para discernir la voluntad de Dios. ¿Cómo se comunica la voluntad individual de Dios? El elemento clave es el Espíritu de verdad que nos guiará (Juan 16:13). Uno de los ministerios del Espíritu en la vida de los creyentes es el de “guiarnos “ (Romanos 8:14; Gálatas 5:18). Los medios por los que lo hace se describen de diversas maneras dentro de la postura tradicional: un silbo apacible, una voz interior, una impresión interna, un deseo interior, un impulso orientador, una sensación o impresión interna, entre otras.

La postura tradicional no iguala esas sensaciones interiores con la revelación sobrenatural. La revelación divina que recibieron Ezequiel o Pablo fueron mucho más definitivas y fidedignas que la orientación individual que los creyentes reciben hoy en día. Es más, la postura tradicional enseña a los cristianos que deben evaluar las sensaciones interiores con otras “señales” porque muchas veces la sensación interior es sumamente imprecisa. Todos los que han encarado el tomar decisiones de esta manera han padecido la falta de claridad. Y el sentido de ambigüedad no se disipa de ninguna manera por etiquetarlos como “sensaciones del Espíritu Santo”, porque la primera pregunta que formula el que busca con sinceridad la voluntad de Dios es: “¿Cómo puedo saber si estas impresiones son de parte de Dios o de otra fuente?”.

Este es un interrogante crítico porque las sensaciones se pueden producir por diversas fuentes: Dios, Satanás, un ángel, un demonio, las emociones humanas (como el temor o el éxtasis), el desorden hormonal, el insomnio, los medicamentos o una descompostura estomacal. Las sensaciones pecaminosas (las tentaciones) pueden salir a la luz como tales por la conciencia que el Espíritu y la Palabra de Dios sensibilizó. Sin embargo, aparte de eso, nos encontramos con un lodazal subjetivo de incertidumbre. En las áreas que bíblicamente no tienen órdenes expresas', las Escrituras no brindan pautas orientativas para distinguir la voz del Espíritu de la voz del yo, u otra «voz» posible. Y la pregunta surge en primer lugar). Además, la postura tradicional requiere que la fuente de esas sensaciones se identifique si el creyente quiere discernir la orientación divina. Una tremenda frustración es la que experimentan los creyentes sinceros que buscaron de todo corazón, más sin resultado alguno, lograr descifrar el código del testigo interior.

Las sensaciones interiores no son una forma de revelación. Por eso la Biblia no autoriza a las sensaciones interiores para que funcionen como indicadores de la dirección divina. Las sensaciones son impresiones reales; los creyentes las experimentan. Sin embargo, las sensaciones no están autorizadas, no son fidedignas. No constituyen la voz autorizada del Espíritu. Pueden ser útiles en cuanto a señalar el camino a la sabiduría, pero en cuanto a su autoridad, las sensaciones son solo sensaciones. Pueden ser «espirituales» o reflejar la influencia del Espíritu, pero no son una revelación directa ni tampoco una orientación autorizada. Las sensaciones o cualquiera sea el nombre que se les dé, confunden el tema y desconciertan al creyente al tomar decisiones. Las sensaciones son solo eso: sensaciones.

FIN SEGUNDA PARTE.

3 comentarios:

Isa dijo...

No tardes mucho en sacar la 3ra parte me esta gustando, ojala hubiera tenido claras estas ideas para algunas decisiones, y menos mal que para otras el conflicto ya no existía ;)

roy dijo...

hay muchas cosas que me gustaron de esto y creo q son realidad. una de ellas es el hecho de tener gozo cuando hallamos mas de una opcion buena, a causa de la incertidumbre de cual es la voluntad perfecta de Dios. creo q a veces no hemos puesto atencion a un libro hermoso de consejos que es proverbios. vemos q la sabiduria es algo q resalta mucho en este libro.... viene de BIN quiere decir entender:-apto, atento, buscar, caso, comprender, comprensión, conocimiento, considerar, cordura, darse cuenta, discernimiento, discernir, docto, enseñar, entender, entendido, entendimiento, instruir, inteligencia, maestro, mirar, observar, prestar atención, prudente, respetar, saber, sentir.
simplemente para ampliar nuestro concepto de la palabra. para q en la toma de decisiones, tengamos en cuenta la importancia de hacerlo con sabiduria.... esto implica algo que el chapac nos ha estado pidiendo jejeje usar la cabeza!!!

Adikia dijo...

toda esa reflexion ha traido mucha libertad a mi vida :) me hago responsable de las decisiones que tomo, y las que elijo... espero la tercer parte Chapaquito. Agradezco a Dios por tu vida y tus enseñanzas.